¿Se tendrán que repetir las elecciones en Israel?

Tras las elecciones legislativas del 27 de octubre de 2026, ningún bloque político ha logrado la mayoría necesaria (61 escaños) para formar gobierno. Se espera un periodo prolongado de negociaciones o la posibilidad de una repetición electoral. Las fuentes sugieren que una repetición electoral podría ocurrir en la primavera de 2027 si las negociaciones fracasan.

Forecasted on

Forecast probabilities

  • Sí, las elecciones se repetirán en o antes de la primavera de 2027.: 57.5%
  • No, se formará un gobierno antes de la primavera de 2027.: 42.5%

Reasoning

La marcada fragmentación del Knesset y la acumulación de vetos cruzados entre los principales bloques políticos de Israel sitúan la probabilidad de una repetición electoral en o antes de la primavera de 2027 en un 57.5%. Aunque los severos incentivos de seguridad regional y la propia presión del proceso institucional impulsan a los líderes a buscar fórmulas de gobierno, las incompatibilidades ideológicas y los compromisos electorales explícitos hacen que la posibilidad de constituir una coalición antes de esa fecha se mantenga en un 42.5%. En el balance final, la inercia del bloqueo político supera ligeramente la capacidad del sistema para forjar consensos de última hora.

El dilema de la aritmética parlamentaria y la trampa de los vetos cruzados

La lógica más convincente en favor de unos nuevos comicios radica en la estricta y despiadada aritmética del nuevo parlamento [e6, e34]. Con el escrutinio de la Comisión Central Electoral, el Likud de Benjamin Netanyahu emerge como la primera fuerza con 27 escaños y Yashar le sigue con 21 [a1, a12]. Sin embargo, la suma por bloques deja al campo pro-Netanyahu con 53 escaños y al bloque de cambio liderado por Gadi Eisenkot con 48, mientras que las formaciones árabes (la Lista Conjunta y Ra'am) concentran 19 escaños [a3, a4, e3, e7, e9]. Ninguno de los dos bloques tradicionales se acerca al umbral mínimo de 61 escaños necesarios para investir un gobierno [e10, e15, e16].

Para alcanzar la mayoría, Netanyahu necesita sumar ocho diputados adicionales, mientras que Eisenkot requiere trece [e14]. Matemáticamente, la ruta más directa para la oposición implicaría incorporar el apoyo de los partidos árabes [u2, u3]. Sin embargo, esta opción choca frontalmente con la arquitectura política del bloque de cambio: figuras clave como Naftali Bennett y Avigdor Lieberman han descartado de forma tajante depender de la Lista Conjunta [a13, a17, a23]. Asimismo, Eisenkot ha supeditado cualquier entendimiento a condiciones estrictas sobre el carácter judío del Estado, el servicio militar y la postura frente a Hamás [a19, a25].

Por el lado de Netanyahu, romper el bloqueo exigiría la deserción de sectores de la oposición, la absorción de compromisos difíciles con partidos árabes o el alivio de la disputa sobre la conscripción de los haredíes que enfrenta a los partidos ultraortodoxos Shas y UTJ con el resto del espectro político [a6, a27, a43]. Dado que Netanyahu ha vuelto a deslegitimar la alianza con agrupaciones árabes y que Lieberman rechaza categóricamente tanto un gabinete liderado por Netanyahu como uno sostenido por la Lista Conjunta, los caminos aritméticamente sencillos quedan obturados por vetos mutuos [a35, a44, e2, e24].

El propio procedimiento institucional actúa como un catalizador hacia la primavera de 2027 [a32, a33]. Tras la certificación formal de resultados y el juramento del Knesset, el Presidente Isaac Herzog encomendará la formación de gobierno en mandatos sucesivos de 28 días (prorrogables por 14) y fases adicionales de 21 días para apoyos parlamentarios [a15, a35, e5, e51, e53]. Si todas las tentativas fracasan, la ley dicta la disolución automática de la cámara y la convocatoria de elecciones en un plazo de 90 días [a6, e8, e109]. Por mero diseño del calendario, un fracaso en las rondas de negociación abocaría de forma natural a la celebración de comicios entre marzo y abril de 2027 [a31, a36, a47]. El reciente antecedente histórico de cinco elecciones entre 2019 y 2022 demuestra que el sistema político israelí cae con facilidad en espirales de repetición cuando las líneas rojas ideológicas superan el pragmatismo [a5, a21, a45].

La fuerza de los incentivos sistémicos y las coaliciones improbables

A pesar de la rigidez de los vetos, existe una tesis sustancial que defiende la viabilidad de un acuerdo antes de la primavera de 2027 [a31, a47]. Los sistemas políticos sometidos a tensiones extremas suelen generar respuestas pragmáticas inesperadas a medida que se agotan los plazos y el costo de unas nuevas elecciones se vuelve prohibitivo para la opinión pública y los propios legisladores [a19, a36].

Netanyahu, operando como primer ministro interino, cuenta con una ventaja táctica considerable al requerir únicamente ocho apoyos [e30, e59]. Su historial negociador le otorga margen para intentar fracturar al bloque opositor mediante incentivos individuales o para estructurar acuerdos de apoyo externo [a19, a36]. En este terreno, la postura de Ra'am resulta definitoria: su líder Mansour Abbas ha mostrado pragmatismo y disposición a dialogar con ambos sectores [a13, a17, e23, e62]. Ya en 2021, la inclusión de un partido árabe en la coalición Bennett-Lapid demostró que acuerdos considerados imposibles pueden materializarse y sostener un ejecutivo durante 18 meses [a21, a43].

Asimismo, las urgencias en materia de seguridad regional y la presión ejercida por el presidente Herzog —quien ha instado públicamente a abordar las conversaciones con "mente abierta"— podrían empujar a los actores hacia un gobierno de unidad nacional [a15, a35, e31]. El temor a la inestabilidad prolongada incentiva que partidos centristas o de derecha moderada reevalúen sus promesas de campaña para evitar un sexto comicio en menos de una década [a31, a47]. Las conversaciones iniciales entre Eisenkot, Bennett, Yair Golan y Mansour Abbas reflejan que los canales de comunicación permanecen activos, ofreciendo una ventana real para componer una mayoría antes de consumir los plazos legales [a13, a44].

El balance del pronóstico

El análisis conjunto de la evidencia confirma que la repetición de las elecciones legislativas en o antes de la primavera de 2027 es el escenario más probable, representado por un 57.5%, frente a un 42.5% de probabilidad de que se logre pactar un gobierno dentro del plazo.

Aunque el instinto de supervivencia política y la gravedad del contexto de seguridad empujan hacia un pacto defensivo, la densidad de los vetos ideológicos —especialmente en torno a la participación de los partidos árabes, la jefatura del ejecutivo y la conscripción ultraortodoxa— crea un nudo gordiano difícil de desatar [a27, a35, a43]. La arquitectura procedimental del Knesset otorga tiempo para negociar, pero cada etapa sin acuerdos sustantivos reduce el margen de maniobra y encamina al país hacia la disolución parlamentaria automática, haciendo del retorno a las urnas el desenlace con mayor peso en la balanza.

Cited evidence